La frontera desgarrada

He recorrido el País en las últimas 10 semanas. He llegado hasta la frontera Norte y Sur desde Dajabón hasta Pedernales, esa parte de nuestra Patria que para muchos queda más lejos que New York o Madrid, como una hermana bastarda de Romana o Punta Cana.

La frontera, tan manoseada en los discursos de los políticos como olvidada por los últimos gobernantes; que no les importa, que no saben, no entienden que ella en si misma es una realidad con vida propia y cuasi autónoma dinámica.

En ella se derriten las instituciones nacionales, los cuarteles mutan en bazares persas, los soldados en metamorfosis a mercaderes, la bandera se deshilacha de vergüenza, la Patria gime, la decencia grita.

La polvareda es eterna, como bruma encubridora de tanto oprobio, las fotos de nuestros padres fundadores parecieran objetos de museo en ruinas.

Como una sombra avanza sobre nuestro territorio silenciosa, furtiva, cotidiana una penetración de haitianas embarazadas en una especie de oferta trágica de 2 x1, hombres, cuya ignorancia compite con su hambre, mozalbetes que piden monedas y si no son correspondidos responden con una mirada fulminante, mezcla de desprecio y rencor.

Los haitianos cruzan, pero ya no son nómadas .. se asientan, crean pequeños negocios de ropas, panaderías, colmados… atraen a sus familias… se asientan, crean cabeza de playa aquí. No son obreros bajo el látigo de un patrón, son comerciantes con ínfulas de emprendedor

Los haitianos ya no tienen ojos de miedo, ni mirada de sumisión.

Nuestros soldados miran, bostezan, se acomodan como simples espectadores de la trágica realidad; no son muro de contención, apenas espectadores de verde olivo.

Cada pisada de un ilegal en nuestro territorio es una puñalada a la Patria, una deshonra a Duarte y Luperón, un escarnio a nuestros valores republicanos, una amenaza a nuestro cultura y un aviso a los indiferentes.

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