La gran tormenta
El planeta tierra, nuestra casa, el único espacio vital donde podemos vivir y la civilización humana padecen hoy su mayor desafío existencial en toda la historia; es una situación inédita, existencial, definitoria, trascendente.
El planeta sometido durante demasiado tiempo a unos niveles de depredación, ataque e irracionalidad humana está hablando fuerte y claro. Grita gemidos agonizante de sequías, estertores huracanados de inundaciones y temporales que arrasan como hordas húmedas plantaciones, ciudades, sueños y riquezas.
El planeta tiene fiebre.
La civilización, en un momento de verdades decadentes, pensamientos canguros, liderazgos mercantiles, débiles, amorfos, contorneándose cotidianamente al vaivén del marketing y los intereses corporativos… anestesiado por el lujo y la abundancia de todo lo que su pueblo carece.
La mirada sobre el liderazgo global rememora el desierto, no el Amazonas, no se ve luz, solo oscuridad neuronal.
Así estamos en este 2022… Portal de entrada a la fábrica de dolores y estupefacciones colectivas que nos aguarda; La crisis impertérrita, inexorable, taimada como serpiente que se desliza entre una hojarasca de ruidos, flash, vitrinas y consumo.
Actuamos hoy como aquellos, según el relato bíblico que se burlaban del Noe al construir su Arca, aún cuando ya había comenzado un temporal de lluvias copiosas.
Nuestra Nación no escapa al dantesco escenario descrito aquí.
Las elites insaciables acumulan lo que nunca disfrutarán, los políticos con sed de poder, no de trascendencia humana y tanta gente víctimas de esperanzas perdidas y decepciones reiteradas, sofocadas por una inflación agobiante, omnipresente que nos convierte en esclavos supervivientes, en la dictadura de los códigos de barras y las traumáticas cajas de supermercados que como martillo inclemente golpean dignidades ciudadanas.
Nuestra nación es eterna, trascenderá… pero necesita que sus mejores hijos cambiemos la saliva por sudor, lo individual en colectivo, la apatía en fe, la Patria en casa, la lucha en honra, el verbo en carne…
La bandera como manto
Duarte como guía
Lo mejor del País al gobierno.
No es época para políticos, es tiempo de patriotas..
¡Y los hay. Y no pocos!
